Calabazas y corazones, muchos sujetos para un sólo amor.
Escribiré, de ahora en adelante, algunos fragmentos de los libros que leo o he leído y re-escrito.
Acá un párrafo del libro Los caballitos del diablo, de Tomás González:
57.
Todos los amaneceres parecían sostenerse, apoyarse, sobre la bulla de los pájaros. No sólo silgas, sino azulejos, para los que él dejaba podrir algunos racimos de bananos en las matas; pájaros garrapeteros, que cantaban como locos y parecían brincar empujados por resortes; pájaros de los llamados bobos; arrendajos, y de vez en cuando alguno de los últimos sinsonetes. Abajo, en la ciudad que despertaba, los vendedores de piñas empujaban sus carros al sitio donde esperarían a la multitud después de haber tasajeado las piñas con sus cuchillos resplandecientes.



Comentarios
Publicar un comentario