Calabazas y corazones, muchos sujetos para un sólo amor.

Escribiré, de ahora en adelante, algunos fragmentos de los libros que leo o he leído y re-escrito. 

Acá un párrafo del libro Los caballitos del diablo, de Tomás González: 

57. 

Todos los amaneceres parecían sostenerse, apoyarse, sobre la bulla de los pájaros. No sólo silgas, sino azulejos, para los que él dejaba podrir algunos racimos de bananos en las matas; pájaros garrapeteros, que cantaban como locos y parecían brincar empujados por resortes; pájaros de los llamados bobos; arrendajos, y de vez en cuando alguno de los últimos sinsonetes. Abajo, en la ciudad que despertaba, los vendedores de piñas empujaban sus carros al sitio donde esperarían a la multitud después de haber tasajeado las piñas con sus cuchillos resplandecientes. 





Un fragmento de El nervio óptico, de María Gainza: 

No conozco a nadie que haya querido ser escritor y no le haya dedicado alguna vez unas líneas al mar. las que siempre recuerdo son, por alguna misteriosa razón, todas mujeres. Marguerite Duras: <<No sé nada desde que llegué al mas>>; Marina Tsvietáieva: <<No amo al mar, el mar no tiene contrapunto>>; Silvia Plath: <<Arrastraba al mar detrás de ella como un oscuro crimen>>. 





Sólo falta decir, cuando se quiere se quiere. 


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