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Mostrando entradas de abril, 2022

Mis plantas favoritas, ciclantáceas.

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Estas plantas, con ciertas características compartidas, como la forma y aspecto de sus hojas y la morfología de sus flores, son agrupadas en la familia de plantas Cyclanthaceae. Mis cyclan .  No sé describir o nombrar el momento en que estas plantas se volvieron ese ser vivo que buscaba cada vez que entraba en un bosque húmedo tropical, cotidianos en Colombia; esas plantas me atrajeron por su aroma, por su nobleza, por las interacciones que sostienen con un montón de organismos vivos, por su color, por el dobles y división de sus hojas, por los mechones y el color en sus inflorescencias, por sus tiempos de floración, por siempre estar ahí recibiéndome en ese bosque y dándome su bienvenida -He escuchado varias veces que a un bosque hay que entrar con respeto y pidiendo permiso para estar allí, no sé-. Aunque, ya escribiendo esto, no sé si sean ellas, ese grupo, si valga la pena agruparlo en este momento para hablar de su vida y lo mucho que me ha alegrado verlas.  Entre tanto,...

El estar con otros...

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 Quiero a estos perros... Tu cruz en el cielo desierto, de Carolina Sanín  No es que el mundo donde viven los deseos exista en presente perpetuo, sino que allí el tiempo es de otro modo, que no conocemos y que suplimos con la conjugación del presente, como si no usáramos tiempo verbal alguno. Este libro me lo leí con una voracidad tremenda. Me acogió en días de cuarentena en soledad. 

Calabazas y corazones, muchos sujetos para un sólo amor.

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Escribiré, de ahora en adelante, algunos fragmentos de los libros que leo o he leído y re-escrito.  Acá un párrafo del libro Los caballitos del diablo, de Tomás González:  57.  Todos los amaneceres parecían sostenerse, apoyarse, sobre la bulla de los pájaros. No sólo silgas, sino azulejos, para los que él dejaba podrir algunos racimos de bananos en las matas; pájaros garrapeteros, que cantaban como locos y parecían brincar empujados por resortes; pájaros de los llamados bobos; arrendajos, y de vez en cuando alguno de los últimos sinsonetes . Abajo, en la ciudad que despertaba, los vendedores de piñas empujaban sus carros al sitio donde esperarían a la multitud después de haber tasajeado las piñas con sus cuchillos resplandecientes.  Un fragmento de El nervio óptico, de María Gainza:  No conozco a nadie que haya querido ser escritor y no le haya dedicado alguna vez unas líneas al mar. las que siempre recuerdo son, por alguna misteriosa razón, todas mujeres. ...

Mi profe, que me ha enseñado de plantas y de amor a la vida, me tomó esta foto. Gracias profe Dino

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En los Bosques Alto Andinos que están cerca, o en la subida, al Páramo del Sol.